
Un grupo de dentistas se jugaba cada jueves a sus pacientes en partidas ilegales de póquer. Quien se quedaba sin pacientes perdía el juego.
El inspector de policía Clemente Creuet descubrió el pastel la noche en que su dentista había apostado más fuerte.
Después del juicio, todos acabaron en la cárcel, salvo el nuevo dentista del inspector Creuet.